Cerebro en forma

En la última década, múltiples estudios científicos comprobaron que, como ocurre con los músculos del cuerpo, el cerebro puede mantenerse en buen estado si se lo ejercita.

Hoy existen programas de entrenamiento cognitivo que ayudan a contrarrestar el deterioro intelectual propio del paso de los años, e incluso a prevenir la aparición de enfermedades. Aquí, hablan los especialistas y dan tips para lograrlo.

En esta clase de gimnasia nadie viste jogging ni está dispuesto a transpirar ni siquiera una gota. Tampoco se requiere de esfuerzo físico y basta con tener un lápiz y papel a mano para empezar a entrenarse. Es que los asistentes vienen con el objetivo de mantener las neuronas en funcionamiento y el cerebro en forma. La novedad es que también esto puede lograrse con una buena rutina de ejercicios. “La evidencia científica demuestra que la actividad intelectual y el esfuerzo mental son factores protectores frente al deterioro cognitivo que nos ayudarán a mantener nuestra mente en forma en etapas tardías de la vida”, confirma Facundo Manes, director del Instituto de Neurología Cognitiva (INECO), donde desde hace dos años se desarrollan Programas de Entrenamiento Cognitivo.

“Esta es una preocupación relativamente nueva en nuestras sociedades y que viene de la mano del aumento de la expectativa de vida de la población. Hasta hace algunos años, la única preocupación era el cuidado físico en función de una buena calidad de vida, pero hoy además queremos llegar a la vejez con cierta agudeza mental
–explican las neuropsicólogas Teresa Torralva y María Roca, pioneras de la “gimnasia cerebral” en el país y encargadas del Programa de Entrenamiento Cognitivo de INECO–. Por mucho tiempo se pensó que los trastornos de memoria y las enfermedades cognitivas eran problemas propios e inevitables del envejecimiento, y que, por lo tanto, a cierta edad, todos iban a presentarlos. Pero en los últimos años hubo un cambio de paradigma a raíz de distintos estudios científicos que demostraron que esto puede contrarrestarse con brain fitness, como se lo llama en EstadosUnidos”.

Hasta hace poco más de una década, cuando el neurólogo irlandés Ian Robertson, jefe de investigaciones del Instituto de Neurociencias del Trinity College, se dedicó a reunir evidencia a su favor, el brain fitness era considerado casi como un invento de marketing por la comunidad científica. A partir de ahí, estudios considerados serios confirmaron su validez. En 2000 se publicó el primero, un experimento con ratones modificados para que desarrollaran el Mal de Huntington que fueron encerrados en dos jaulas, una sin estímulos y otra con molinetes, trampas, colores y ruidos. Al cabo de un tiempo, sólo uno de los ratones de la jaula “estimulante” había desarrollado la enfermedad. Otra investigación contundente en este sentido se hizo en el Reino Unido: científicos estudiaron el cerebro de 16 taxistas londinenses en comparación con el de 50 personas sanas y comprobaron que los conductores tenían el hipocampo –área cerebral relacionada con el aprendizaje espacial y la memoria– más grande. Finalmente, otro estudio realizado en los cerebros de un centenar de monjas de Notre Dame dio la dimensión de la real importancia del ejercicio para mantener la mente en estado: “Se estudió el cerebro de las religiosas a medida que iban envejeciendo, y se vio que aquellas que tenían una mayor actividad intelectual lo mantenían en mejor forma y funcionamiento. E incluso en algunas de ellas se encontraron las características patológicas del Mal de Alzheimer, que sin embargo no se había llegado a desarrollar porque se lo había contrarrestado. O sea: se habían mantenido mentes sanas en cerebros enfermos. Y esto tenía que ver con que era una congregación de mucha apertura social, gran nivel educativo e intensa vida intelectual”, explica la licenciada Torralva, de INECO.

Para Ricardo Allegri, jefe de Neuropsicología del Instituto Universitario CEMIC, ya no quedan dudas de la incidencia de la “gimnasia cerebral” para conservar una mente sana: “Está comprobado científicamente: el entrenamiento cognitivo sirve para prevenir o rechazar enfermedades como el Mal de Alzheimer, cuyo origen se estima genético en un 40 % y causado por otros factores en un 60 %. Hoy está claro que lo mismo que sucede con el entrenamiento físico ocurre con el cognitivo: así como los cardiólogos recomiendan 30 minutos diarios de ejercicio físico, nosotros recomendamos ejercicio intelectual regular. Y del mismo modo que haber sido deportista de joven no sirve de nada si uno no se sigue ejercitando, tampoco basta con haber estudiado mucho los primeros 30 años de su vida, si no se continúa de manera regular con el paso de los años”.

Cerebros en acción

Aunque el consejo es mantener al cerebro en actividad de manera constante, hay ciertas señales que pueden dar el alerta de que es un buen momento para iniciar algún programa de entrenamiento cognitivo, o al menos una actividad que implique un esfuerzo intelectual. Así como el cuerpo da “avisos” de que es hora de ponerse en movimiento, según los especialistas, existen diversos síntomas cognitivos que pueden indicar el envejecimiento del cerebro y a los que es preciso prestar especial atención a partir de los 50 años. La pérdida de memoria suele ser el más fácil de detectar aunque no el único: también pueden presentarse dificultades en la comprensión y asimilación de la información, se necesita más tiempo para hacer un cálculo que antes resultaba más simple, cuesta realizar dos actividades al mismo tiempo, se pierde la concentración con más facilidad, entre otros “alertas”. “Averiguar si nuestro cerebro está ‘fuera de estado’ es muy sencillo, ya que existen tests para medir el rendimiento intelectual. De todas maneras, está comprobado que el ser humano utiliza el 10 % de su capacidad potencial, de manera que cualquier momento es bueno para iniciar un proceso de cambio y superación personal”, aconseja la licenciada Marcela Krell, directora de Programas de Capacitación de ILVEM.

Para Manes, director de INECO, es importante “entender que si bien cierto grado de dificultad en la memoria reciente es normal, no toda pérdida es normal y muchas veces es una señal a ser tenida en cuenta. Los problemas de empiezan a ser serios cuando afectan la vida diaria de la persona que los sufre y cuando tienden a ser progresivos. Es necesario saber diferenciar cuándo se trata de un trastorno patológico y cuándo no: si los olvidos sólo abarcan detalles de poca importancia, o un ítem en particular pero se recuerda todo lo demás, no se puede pensar en algo serio. Un indicador de esto es si la persona es conciente de su dificultad: cuando la persona lo nota pero a su entorno no le resulta relevante, es improbable que sea algo serio. En cambio, es probable que sí lo sea si quien sufre la dificultad no es conciente de ella pero la notan quienes están a su alrededor”. De todos modos, en cualquier caso siempre se recomienda acudir a un especialista que pueda evaluar cuál es el origen del síntoma.

Los programas de entrenamiento tienen la particularidad de ser cortos –entre 8 y 12 sesiones– y apuntan al trabajo y ejercitación de todas las funciones cerebrales: memoria –visual y verbal–, atención, funciones ejecutivas, capacidad de organización, planificación, lenguaje, cálculo, percepción, procesamiento de la información, aprendizaje. Y existen tanto programas integrales, destinados a conservar la agudeza mental en general, como cursos específicos, según la necesidad de cada paciente.

“No hay un ejercicio en particular que mantenga el cerebro en forma. La clave es mantenerlo en funcionamiento y cada persona tiene que elegir una actividad que le genere una carga emocional positiva, que puede ser desde la lectura hasta la pintura, el teatro o el cine”, recomienda Allegri, de CEMIC. “La clave es el desafío: si yo siempre hago crucigramas, aunque haga uno por día, eso no me plantea ningún desafío ni me estimula –agrega Teresa Torralva, de INECO–. Pero además, más allá de la ejercitación, para mantener el cerebro en forma es importante tener una vida saludable en todo sentido: físico, emocional y social. Tanto el ánimo como la vida social activa son factores fundamentales: así como el estrés y la depresión atentan contra la salud mental y el buen funcionamiento cerebral, no hay computadora, ni libro ni crucigrama que sea más estimulante que el contacto con otras personas. No hay nada más estimulante para un cerebro que otro cerebro”.

Libros, crucigramas, pintura, juegos, una charla con una amiga o una clase de baile, cualquier actividad puede poner el cerebro en funcionamiento sin necesidad de transpirar ni salir de casa. Así que no hay más excusas: es hora de poner la cabeza en acción.

Por: Paula Bistagnino / ParaTi

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